jueves 28 de mayo de 2020 - Edición Nº540

Reportes | 4 dic 2019

FACTORES DE RIESGO

No completar la escuela primaria engorda, muestra una encuesta nacional

La prevalencia de obesidad entre las personas que no terminaron el primer nivel de educación casi duplica a la de quienes tienen el secundario completo en nuestro país.


No completar a la escuela primaria no sólo compromete seriamente las posibilidades de conseguir un trabajo digno y satisfacer necesidades básicas; también puede atentar contra la propia salud al llegar a la adultez. Como puso en evidencia la Cuarta Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, la prevalencia de obesidad entre las personas que no terminaron el primer nivel de educación casi duplica a la de quienes tienen el secundario completo en nuestro país.

De acuerdo con los datos que arrojó el estudio, mientras que la tasa de obesidad entre los argentinos que terminaron el secundario es del 27,8% (lo que vale a decir aproximadamente uno de cada tres), entre quienes no completaron la primaria alcanza al 45,9% (casi uno de cada dos).

El mismo fenómeno se observa al analizar la presencia de esta condición (asociada al mayor riesgo de diabetes, infarto agudo de miocardio y ACV) según el nivel de ingresos de la población. Mientras que en los hogares con menores ingresos la prevalencia de obesidad alcanza el 35,2%, ese porcentaje se reduce al 25,5% entre el conjunto de las familias que ganan más, muestra la encuesta nacional.

A pesar de la clara asociación que existe la vulnerabilidad social y la obesidad, “la inversión para desarrollar campañas de prevención dirigidas a este sector de la comunidad es cada vez menor”, sostiene el Defensor adjunto del Pueblo de la Provincia, Walter Martello, quien días atrás difundió un informe dando cuenta de esta realidad.

“El nivel de inversión pública para desarrollar actividades de promoción de alimentación saludable, prevención de la obesidad y lucha contra el sedentarismo es irrisorio: apenas $800 mil en lo que va del año a nivel nacional”, detalla Martello al señalar que “las partidas de este programa sufrieron además un fuerte recorte respecto a lo asignado en la Ley de Presupuesto 2019 aprobada por el congreso nacional”.

“En materia de aplicación de políticas públicas Argentina sigue a la retaguardia respecto a la prevención del sobrepeso y de la obesidad. No sólo si comparamos con las políticas que se aplican en los países desarrollados, sino también respecto a las medidas que se llevan a cabo, desde hace años, en otras naciones de la región”, asegura Martello, para quien “resulta indispensable avanzar en la instrumentación de un sistema de etiquetado frontal que alerte a los consumidores sobre los alimentos que tienen exceso de azúcares, grasas saturadas y sodio”.

“Pese a los reclamos de la sociedad civil, sigue sin poder instrumentarse en Argentina un sistema de etiquetado frontal de alimentos como el que existe en Chile y Uruguay. Su aplicación no requiere demasiado esfuerzo, pero sí una fuerte decisión política de poner límites a algunos intereses corporativos obligando a los productores de alimentos procesados y ultraprocesados a colocar la advertencia “Alto” en los envases de aquellos comestibles y bebidas que por su características favorecen la obesidad”.

Respecto al etiquetado frontal, el único avance que se logró en los últimos años fue que el “Programa Nacional de Alimentación Saludable y Prevención de Obesidad” elaborara y publicara en 2018 un Manual de Recomendaciones. El manual sugiere la puesta en marcha de este sistema, el cual es definido como “el más efectivo y directo en informar a los consumidores de forma clara, simple y rápida”. Los expertos del programa nacional reconocieron, además, que el etiquetado frontal sirve para influenciar los patrones de compra de distintos sectores sociales hacia alimentos más saludables, incluidos niños, adolescentes y personas de menor nivel de instrucción.

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