jueves 09 de julio de 2020 - Edición Nº582

Reportes | 24 nov 2019

LA CRISIS GOLPEA DURO A LA SALUD

En dos de cada diez hogares se dejó de ir al médico porque no lo pueden pagar

El dato surge de una investigación hecha por la Universidad Católica Argentina y la Defensoría del Pueblo de la Provincia entre 5.800 familias. Aseguran que la causa principal es la pérdida de cobertura social por desempleo


Por:
Nicolás Maldonado

Cuenta María Claudia que la situación en su casa empezó a complicarse el año pasado. Y que fue por eso que pese a que ella y su marido padecen enfermedades crónicas que requieren mucha medicación (ella hipertiroidismo; él, diabetes e hipertensión) resolvieron renunciar al coseguro médico que tenían a la par de IOMA porque ya no lo podían pagar. Aun así la necesidad de seguir ajustándose, los llevó a tomar poco después la decisión de que sólo él mantuviera su médico de cabecera por el ser el que tiene más problemas de salud. Ella pasó entonces a atenderse en el Centro de Salud de su barrio, el Mercadito, donde además la ayudan facilitándole parte de la medicación. Pero la crisis económica no les da tregua y ahora no saben qué mas achicar para cubrir los el costo de remedios de los que ya no pueden prescindir.

El caso de Claudia y su marido no es ciertamente una excepción. En los últimos años, al menos dos de cada diez hogares argentinos dejaron de asistir al médico o de comprar medicamentos porque ya no le podía costear. El dato surge de una investigación realizada por la Universidad Católica Argentina y la Defensoría del Pueblo bonaerense en la que se comparó la situación de 5.800 familias del área metropolitana entre 2017 y 2018, y que puso en cifras una realidad observada a diario por los profesionales de salud.

“Lo que vemos en la consulta es que muchas personas que antes tenían obra social y se atendían en el sector privado perdieron la cobertura al quedarse sin trabajo y están recurriendo al sistema público de salud, lo que produjo un aumento en la demanda de atención. Si a eso se le suma que el sistema público tiene cada vez menos recursos para dar respuesta y que la situación de consulta es cada vez más dramática por la propia vulnerabilidad social, no es difícil entender que el acceso a la salud empeoró”, dice Manuel Fonseca, un médico residente del Hospital Gutiérrez que trabaja en el primer nivel de atención.

Su explicación coincide puntualmente con lo que señalan desde el Colegio de Médicos distrital, donde observan una retracción de la demanda de atención en consultorios privados, y también en el Colegio de Farmacéuticos de la Provincia, donde dicen que la venta de medicamentos por unidades cayó más de un 20% en los últimos dos años debido al pérdida de empleos y la consecuente caída de la cobertura social.

En las farmacias empezamos a ver ya desde el año pasado las dificultades en el acceso a los medicamentos porque es algo que en nuestro país está muy asociado al desempleo. Al perder su trabajo mucha gente se quedó sin obra social, y muchos que tenían una prepaga no la pudieron seguir pagando”, explica María Isabel Reinoso, la presidenta del Colegio de Farmacéuticos de la Provincia.

Si bien reconoce que el costo de medicamentos a tenido un fuerte aumento en los últimos años debido a la devaluación, Reinoso sostiene que “esa no fue la causa que más impactó en el acceso a la salud sino la pérdida de cobertura social: gente que mal o bien o bien antes tenia cubierto parte del costo de su medicación de pronto, al quedarse sin obra social o prepaga, se vio enfrente costos que ya no podía pagar”.

El fenómeno fuer medido desde el Observatorio de Salud, Medicamentos y Sociedad de la Confederación Farmacéutica Argentina, donde se observó una caída importante en el consumo de medicamentos ya a partir de julio del año pasado tras la devaluación. “Esa caída fue del 14% en la cantidad de unidades dispensadas con respecto al año anterior, independientemente del precio”, detalla Reinoso al señalar que “aA eso se le sumó este año un 6,6% más, lo que equivale a una retracción del 20% desde principios de 2018 hasta hoy”.

“Cuando empezamos a analizar los segmentos terapéuticos que habían sufrido una caída nos encontramos que el fenómeno afectaba a todos por igual, analgésicos, antihipertensivos, medicación cardiovascular, para la diabetes… Es algo que ha sucedido muy pocas veces en el mercado del medicamento”, sostiene la presidenta del Colegio provincial.

El acceso a la salud empeoró mucho en estos últimos años de la mano de la crisis económica”, reconoce también Jorge Mazzone, presidente del Colegio de Médicos del DistritoI. “Mientras que las familias de clase baja tienen cada vez más dificultades para acceder a medicamentos -explica- entre las personas de clase media muchos se quedaron sin trabajo y, por tanto, también sin obra social”.

“Muchos pacientes con enfermedades crónicas que antes asistían mensualmente a la consulta dejaron de hacerlo y te explican que el problema es que no les alcanza la plata para comprar la medicación. Porque la dificultad no sólo pasa por ir al médico sino por no poder afrontar luego los estudios complementarios y los medicamentos”, explica Mazzone, quien observa el fenómeno desde su propia práctica profesional.

A su vez, “el hecho de que el Estado haya abandonado en los últimos años muchas iniciativa que tenían que ver con la promoción y prevención de la salud ha llevado un porcentaje mayor de pacientes lleguen tarde a la consulta y con cuadros más difíciles de tratar”, cuenta su colega Manuel Fonseca, quien asegura que este problema “se ha visto agudizado en los últimos años por el empeoramiento de la situación social y el desfinanciamiento de los programas que intentan garantizar el acceso a medicamentos básicos, lo que antes se llamaba el Programa Remediar”.

“En el primer nivel de atención estamos recibiendo menos antibióticos, menos analgésicos, menos hipertensivos...”, dice Fonseca, quien asegura que él y sus colegas tienen hoy que “estar administrándolos y viendo qué pacientes los necesitan en forma urgente y cuales pueden esperar un poco más”.

Lo que cuenta médicos y farmacéuticos apareció plasmado durante la semana en una investigación hecha por la Universidad Católica Argentina y la Defensoría del Pueblo bonaerense para medir el impacto de la crisis económica y cómo afecta a los sectores más vulnerables al momento de acceder al sistema de salud

Uno de los datos más destacados de esa investigación -que como se dijo ya abarcó a 5.800 familias del área metropolitana entre 2017 y 2018- es que de un año a otro, en dos de cada diez hogares de se dejó de asistir al médico o al dentista debido a problemas económicos, una realidad que se profundizó entre los que se encuentran bajo condiciones de pobreza, ya que la mitad de quienes pertenecen a este grupo dejaron de atenderse por los mismos motivos.

La misma tendencia se observó a la hora de analizar el déficit en el acceso a los medicamentos, ya que dos de cada diez hogares debieron dejar de comprarlos debido a los problemas económicos en el último año. En este ítem, también la mitad de los hogares pobres manifestaron dificultades al comparar lo sucedido en 2017 respecto a 2018.

El estudio a su vez indagó sobre la falta de consulta médica anual durante 2017 y 2018, un fenómeno que se registró en el 28,7% de los encuestados. De este total, los grupos que en su mayoría no accedieron al sistema de salud fueron los varones (36,5%) y los jóvenes de 18 a 34 años (38,9%).

En esta línea, la privación del derecho al acceso a la salud se presenta en mayor medida en condiciones de mayor carencia económica y precariedad laboral: el mayor porcentaje se da entre las personas pobres (43,3%) y las personas que pertenecen al estrato trabajador marginal (39,8%).

El informe también analizó cómo se autopercibe el déficit de la salud física y psicológica. En el primer punto, el porcentaje de quienes observan esta carencia creció de 2017 a 2018, al pasar del 11,4 al 16,5% de los encuestados, siendo entre los pobres (20,2%), los trabajadores marginales (23,5%) donde más se registró esta tendencia en el último año.

“Este informe muestra la desigualdad social que existe principalmente en el Conurbano, y que se hace visible en las condiciones generales de salud de las personas y de las comunidades como en el propio sistema que las atiende. Además, habla de un sistema fragmentado e inconexo para atender los estados de salud y enfermedad diferentes para cada estrato social”. sostuvo el Defensor del Pueblo bonaerense, Guido Lorenzino.

 

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